He explorado los rincones del destino y no he podido encontrar ninguna señal de que hayas estado allí. Te he vuelto a perder aunque no soy consciente de en qué momento. Ahora resulta que miro a mi alrededor pero sólo doy vueltas sobre mí, porque ya no te veo, ni puedo oírte.
Recorro el espinazo de esta noche tan eterna y compacta que parece no acabar nunca. Voy de un lado a otro para siempre encontrarme con alguien que no eres tú que me dice que ya no estás. Te escondes en un valle lóbrego de niebla y confusión. En un juego de espejos en el que nunca puedo mirarme contigo. En cuanto desvío la mirada, te conviertes en otro fantasma de esta ciudad. Quisieras que me olvidara de que estuviste, pero lo único que pervive en esta eterna oscuridad son mis palabras y mis pensamientos. En algún lugar deben de haberse refugiado para permanecer a salvo de esta noche que devora todas las luces conocidas hasta ahora. Ninguna consigue sobrevivir.