lunes, 18 de febrero de 2008

Las puertas infinitas

Me dicen que fuera de esta niebla aún resuenan tus pasos. Yo no puedo oírlos, pero quizás me consuela saber que estás, aunque ya lejos de mí. Me abrazo a los recuerdos y a las palabras de otros cuando te traen entre sus sílabas. Camino enceguecida por el cansancio de no poder salir de esta prisión sin puertas, o tal vez con infinitas puertas. Como Asterión, encerrada, pero encerrada en el único sitio en el que he estado, incluso habiendo querido estar en tantos y tantos otros.
En ocasiones sueño y escapo, no por mucho tiempo, y sueño encontrarme en tus ojos otra vez. Pero te desvaneces y, de nuevo, un sonido hostil a mis oídos me despierta para decirme que he de seguir vagando en este eterno laberinto.