No puedo respirar si no sé que estás al otro lado de esta niebla. Durante un momento, unas horas, creí que podría alcanzarte. Recorría el callejón de los desengaños, pero ya no pude encontrarte. Entre las gotas de lluvia me parece oírte, pero, no, no hay nada que pueda llevarme hasta ti, ni nadie que pueda hacerte llegar mis suspiros. Todo está en un lúgubre silencio y me quema el alma. A veces dibujo tu nombre entre las gotas de lluvia, como un sortilegio sagrado que te diga que sigues en mis pensamientos, aunque tú ya me hayas olvidado. Quise unir mi aliento al sonido de tus palabras, pero no fue posible. Quizás en otra dimensión, quizás en otro universo en el que estemos destinados a encontrarnos, quizás en otro viaje, en otro recodo del abismo.