Hoy ha vuelto a pasar. Otra sombra, en este caso, cruel y malencarada se ha colado en mi buzón. No en el del mail, no, sino en el del correo postal. ¿Qué demonios haces en mi casa? Escribes para llamarme imbécil. Y cada vez escribes peor. Pobre. No sé por qué te aguanto, ni por qué te aguanté tanto tiempo. Ya ves, deben de ser deudas del karma. Me tuve que cruzar contigo para pasarlo mal y purificar el daño que hice a otros. Pues vaya. En qué hora.
No me importa que estés a diez mil kilómetros. Realmente, ni siquiera si estuvieses aquí al lado. Sé que has venido arrastrándote, a ver a otros, claro, a mí no. Les has pedido que te admitan de nuevo, veo que algún incauto, que poco te conoce, te ha permitido que te quedes en su sofá. No sé si sabe lo que le espera.
Sin embargo, también ha regresado él. De manera inesperada, cuando yo lo daba todo por perdido, cuando ya no había esperanza de que me devolviera las llamadas, ha vuelto.
miércoles, 3 de octubre de 2007
Regreso
Qué sensación más extraña la que me recorre cuando oigo hablar de alguien al que había sepultado de mis recuerdos muchos años atrás. En este caso ha sido una inocente página de internet. Google me ha ofrecido un resultado que yo no buscaba. ¿O sí? No sé, quizás realmente buscaba tener un nuevo contacto con aquella sombra llorona.